Mundial España 1982

El de 1982 fue el Mundial de España. El primero con 24 finalistas. Y tuvo instantes brillantísimos, principalmente en el estadio de Sarrià, ya en segunda ronda, donde coincidieron Italia (futuro campeón), Argentina (campeón saliente) y Brasil (el enorme favorito). El colorido en las gradas y la tensión en el césped (el marcado de Gentile a Maradona, el triplete de Paolo Rossi, las sutilezas de Zico y Sócrates…) fueron páginas de lujo. Pero el Mundial de 1982, para España, comenzó mal y acabó peor.

“Este primer enorme acto del Mundial España 1982 maneja el interés deportivo mundial”, proclamó el periodista José María Casanovas en la exhibición del sorteo, seguido por “cerca de 500 millones de espectadores”. Era el 16 de enero de 1982, en el Palacio de Congresos de Madrid, y pasó a la historia como el peor sorteo de los Mundiales. Contó con una originalidad poco afortunada: en vez de recipientes con bolas se usaron los bombos de la Lotería Nacional y los jovenes del colegio de San Ildefonso. Las bolas simulaban un reducido esférico de fútbol, constaban de dos partes enroscadas entre sí y dentro suyo escondían un papelito con el nombre de uno de los finalistas. Preciosas. Pero bastante enormes.

Blatter fue el responsable del primer desaguisado del sorteo

El acto solemne contó con periodistas, seleccionadores, federativos y tuvo en primera fila al príncipe Felipe (entonces un pequeño de 13 años), recibido y despedido a los acordes del himno español. Presidían João Havelange (FIFA), Pablo Porta (Federación Española), Hermann Neuberger (comité organizador) y un joven Sepp Blatter, que fue el responsable del primer desaguisado. Frente todo el planeta del fútbol.

Explicó que Perú y Chile no podían encajar en los grupos que poseían a Argentina y Brasil como cabezas de serie y comenzó el sorteo con el bombo B (Escocia, Irlanda Norte, Bélgica, Francia, Chile y Perú). Salió la primera bola, la de Bélgica, y la situaron en el grupo 1, el encabezado por Italia. Después salió Escocia, y fue a parar al 3, el de Argentina. Llegó una tercera bola a manos de Neuberger… y se percataron de que aquello no cuadraba y que coincidirían los sudamericanos. Confusión en la mesa, y no digamos en las televisiones (en la situacion de TVE los comentaristas eran Mari Carmen Izquierdo y Matías Prats jr., superados por los acontecimientos). Comenzó la manipulación: la tercera bola, sin abrir, fue reintroducida en el bombo, mientras los jovenes de San Ildefonso cruzaban miradas entre expectantes y divertidas. Blatter detalló que, nada por aquí, nada por allá, Escocia saltaba al grupo 6 (el de Brasil) y Bélgica se iba al 3, con Argentina.

El siguiente alboroto llegó con el bombo C. En ese instante los espectadores ya habían descubierto que las bolas se asignaban por orden a los grupos, del 1 al 6. Ya habían salido 4 y tocaba el contrincante del grupo 5, el de España. Pero la bola se atascó. No salía del bombo. Al intentar arrancarla, se abrió, se partió en dos. Risas de los jovenes, chato fijo a otro punto de la salón y por último la bola, reconstituida, llegó a Blatter, que cantó el premio: el contrincante de España era Honduras. Y todavía más. Y peor. La chapuza iba creciendo.

En el último bombo, el A (URSS, Checoslovaquia, Polonia, Hungría, Yugoslavia y Austria)… otra bola traviesa. Más complicado todavía: con una mitad fuera y la otra dentro del bombo, donde todavía había otras 4 bolas. Comenzó entonces una sucesión de manipulaciones para obligar a la mitad que hacía falta a tomar el canal de salida. Uno metía unos cuantos dedos por las rendijas del bombo, otro intentaba apartar las bolas… Nada. Por último se eligió por ir sacando bolas, una tras otra, hasta que cayera la mitad deseada. Pero se causó otra escena esperpéntica: mientras caían bolas enteras por el canal, uno de los jovenes las recogía y las iba reintroduciendo por otro lado del bombo, con lo que el inconveniente se eternizaba.

En una entrevista en Inglaterra el entrenador del elegido de Hungría declaró: «Todo, todavía el aire, favorecerá a Argentina. Estoy seguramente los árbitros les obsequiarán unos cuantos penales. El triunfo del conjunto argentino es por último muy considerable para el torneo».

Sobre el partido frente a los franceses, Ricardo Petracca, por entonces presidente de Vélez Sársfield e integrante de la Comisión de Estadios en el Mundial ´78, declaró: «… el mundial fue una patraña, un circo para tapar lo que se encontraba pasando, además se le ganó a Francia con un penal -cometido por una mano dudosamente intencional del jugador francés Tresor– que sólo se les cobra a los locales». Pero Argentina caería frente Italia, perdería la localía en Buenos Aires y jugaría en segunda etapa el Grupo de la Muerte con Polonia, Perú y Brasil.

Al llegar igualados en puntaje al último acercamiento de la segunda etapa de grupos, el almirante Nunes, presidente de la Confederación Brasileña de Deportes, y Coutinho, entrenador carioca, manifestaron frente el comité organizador para que los partidos de Argentina-Perú y Brasil-Polonia se disputaran en el mismo horario. La iniciativa fue desestimada y la Argentina jugó el acercamiento sabiendo la proporción de goles que necesitaba para pasar a la final.

Y llegó el partido más sospechado de todos. Argentina enfrentaba a Perú con la necesidad de transformar por lo menos 4 goles para clasificarse a la final. El partido finalizó con un rotundo 6 a 0 en pos de los gauchos.

Después trascendió la edición de que el gobierno argentino habría negociado el partido con sus pares peruanos, por semana del partido numerosos barcos cargados con 35 mil toneladas de trigo partieron hacia Lima, y el gobierno peruano, presidido por el dictador Francisco Morales Bermúdez, recibió un préstamo de parte de Argentina de 50 millones de USD sin interés, todo lo mencionado como marco del Convenio Sobre Asistencia Alimentaria, además se pagaron enormes sobornos a gobernantes peruanos desde cuentas manejadas por la Armada argentina.

Fue un sorteo patético, premonición del pobre papel de España en el torneo. Atenazados por los nervios, bloqueados por unas cuestiones de inseguridad extremas (se temía un atentado de ETA), con una disputa estúpida sobre las medias de Arconada (porque eran blancas, sin la rojigualda), el once español que dirigía José Emilio Santamaría fracasó. En la primera etapa sólo ha podido empatar con Honduras (y de penalti), ganar a Yugoslavia (con otro penalti, éste escandaloso) y perder con Irlanda. Todavía de esta forma pasó y después, en otro grupo con Alemania e Inglaterra, sólo consiguió un empate sin trascendencia cuando ya se encontraba eliminada. “En estas condiciones, hasta Pelé habría fracasado”, detalló Jesús Mari Satrústegui, uno de los seis players de la Real Sociedad en el conjunto.

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