Mundial Argentina 1978

Más allá de los amaños y de toda la historia oscura que se oculta tras el fútbol y los mundiales, el Mundial de Argentina 1978 fue el más sangriento e hipócrita de la historia. Fue la publicidad de un gobierno de facto -al mejor estilo Goebbels- que escondió tras él y la ingenuidad de un pueblo, parte importante de la historia negra de los argentinos.

No es comparable siquiera con los arreglos deportivo-políticos que promulgaron la excelencia de algunos seleccionados como el de Italia en el 34 e Inglaterra en el 66. Mientras el elegido argentino disputaba la final que lo consagraría frente Holanda, a metros del estadio Monumental, en la ESMA (Escuela Superior de Mecánica de la Armada) ocurrían las peores torturas de un asesinato en masa realizado por los militares argentinos entre 1976 y 1983 que finalizaría con 30.000 desaparecidos.

Fue una atrocidad avalada en parte por el planeta, pero más que nada por los argentinos que ingenuamente creyeron la publicidad política del gobierno más despiadado y cínico de su crónica. La circunstancia era sabida fuera del país, y Francia empezó un boicot a aquel Mundial, aunque por último acudiría a la cita. El presidente de la Confederación Brasileña de Deportes (C.B.D.), el almirante Helenio Nunes, dijo sobre la dictadura argentina que: «Tal vez sea la preferible garantía de la Copa del Mundo en Argentina.”

Inclusive, cuando el 26 de marzo de 1976 arribó a Buenos Aires una comisión de la FIFA para examinar las proyectos llevadas a cabo en vistas al mundial, el solicitado de esa inspección Hermann Neuberge -SS en la época de Adolf Hitler- dejó en claro los objetivos de la FIFA: «El cambio de gobierno no tiene relación con el mundial. Somos gente de fútbol y no políticos». El presidente de la FIFA, Joao Havelange, lo confirmaría: «… la Argentina está en este momento más apta que jamás para ordenar el mundial».

Mientras en la Argentina, uno de los integrantes de la Junta de Gobierno, Massera desafiaba al pueblo argentino en pos de una unión nacionalista: «La ejecución del torneo presentara al planeta que la Argentina es un país creíble, con la capacidad de enormes proyectos, y va a ayudar a contrarrestarlos pronunciamientos en contra que nos llueven desde todo el planeta».

A lo largo de el torneo se han realizado bastante más de quince asaltos militares; desaparecieron por lo menos 4 integrantes del Partido Comunista argentino; explotaron bombas en numerosos sectores del país, y la policía le lanzó gases lacrimógenos a unos leales que salían de una iglesia después de la festividad de la misa por el cuarto aniversario de la desaparición del ex presidente argentino Juan Domingo Perón.

Todo ello silenciado por una prensa que poseía contraindicado criticar a su elegido y a su entrenador… solo algunos puertas adentro, como el quizás más importante periodista argentino de fútbol Dante Panzeri, cuando divulgó en noviembre del 75 en la Revista Chau Pinela: «El Mundial del ´78 no se debiera hacer en Argentina por las mismas que un hombre que no posee dinero para ponerle nafta a un Ford T no debe comprarse un Torino. Si lo realiza es porque a alguien le está robando…Todos los orígenes doméstico-infantiles de nuestros acostumbramientos a vivir afanándonos a nosotros, determinan que deseamos llevar a cabo el Mundial del ´78, todavía a sabiendas que nos irá a ir muy mal, fundamentalmente si lo ganamos. Porque lo vamos a ganar al estilo del Martín Fierro y el Viejo Vizcacha, o de Bairoleto y el Pibe Cabeza, delincuentes recurrentes con los que ya poseemos fabricado el mito de la delincuencia bondadosa, que además apoya el acostumbramiento nacional a robarnos a nosotros…».

La inauguración fue un paripé bastante más de lo que se venía ocultando en el seno del país. El presidente defacto Jorge Rafael Videla condecoró a Joao Havelange y el presidente de la FIFA retribuyó con palabras: «…Por fin el planeta puede ver la verídica imagen de Argentina…». Y el presidente defacto en otra exhibe de cinismo promulgó en su alegato inaugural, «…la paz entre todos los hombres…». El Papa desde el Vaticano enviaba su bendición al Mundial de la dictadura.

Mientras la ceremonia de inauguración se efectuaba en el estadio Mundialista, Ronnie Hellstrom, portero de Suecia, se encontraba caminando en la pirámide de la Plaza de Mayo adjuntado con las Madres que reclamaban por sus hijos: «Decidí llevarlo a cabo porque era una obligación que poseía con mi conciencia».

Argentina y la fiesta inaugural

Cuando finalizó el acto inaugural, todos los pertenecientes del elegido holandés además se le unieron en la marcha en la Plaza de Mayo con las Madres. Ninguna de las fotografías tomadas en esa ocasión por los fotógrafos ha podido ser publicada en ningún medio gráfico o televisivo.

El mundial fue la afirmación deportiva de todo lo que había que esconder. Con un entrenador, Julio César Menotti, afiliado al PC argentino y por el cual los militares pedían su cabeza por un lado, y por el otro le consideraban intocable como funcionario del Proceso. Un conjunto que salió al campo de juego en cada partido a matar, sin la conciencia de lo que sucedía a su alrededor (la plantilla se encontraba formada por todos players del tema local, salvo Mario Alberto Kempes).

Días antes del debut argentino en el mundial, el presidente defacto Videla citó al entrenador y a los players de la selección local, y de la misma forma que Benito Mussolini les repitió la consideración que poseía para la imagen del país en el exterior que la Copa del Mundo quedara en el hogar.

En lo deportivo va a quedar el recuerdo del gol fallado por Cardeñosa para La Furia de españa frente Brasil, y además que la Argentina superó los escollos porque poseía materia prima para llevarlo a cabo. Tenía players de jerarquía que venían haciendo un trabajo juntos hace ya extenso rato, y también el entrenador se dio el lujo de dejar fuera de aquel Mundial a un naciente y brillante Diego Maradona. Sin embargo, sobre el conjunto además arreciaron las supones, desde el partido inaugural en adelante.

En una entrevista en Inglaterra el entrenador del elegido de Hungría declaró: «Todo, todavía el aire, favorecerá a Argentina. Estoy seguramente los árbitros les obsequiarán unos cuantos penales. El triunfo del conjunto argentino es por último muy considerable para el torneo».

Sobre el partido frente a los franceses, Ricardo Petracca, por entonces presidente de Vélez Sársfield e integrante de la Comisión de Estadios en el Mundial ´78, declaró: «… el mundial fue una patraña, un circo para tapar lo que se encontraba pasando, además se le ganó a Francia con un penal -cometido por una mano dudosamente intencional del jugador francés Tresor– que sólo se les cobra a los locales». Pero Argentina caería frente Italia, perdería la localía en Buenos Aires y jugaría en segunda etapa el Grupo de la Muerte con Polonia, Perú y Brasil.

Al llegar igualados en puntaje al último acercamiento de la segunda etapa de grupos, el almirante Nunes, presidente de la Confederación Brasileña de Deportes, y Coutinho, entrenador carioca, manifestaron frente el comité organizador para que los partidos de Argentina-Perú y Brasil-Polonia se disputaran en el mismo horario. La iniciativa fue desestimada y la Argentina jugó el acercamiento sabiendo la proporción de goles que necesitaba para pasar a la final.

Y llegó el partido más sospechado de todos. Argentina enfrentaba a Perú con la necesidad de transformar por lo menos 4 goles para clasificarse a la final. El partido finalizó con un rotundo 6 a 0 en pos de los gauchos.

Después trascendió la edición de que el gobierno argentino habría negociado el partido con sus pares peruanos, por semana del partido numerosos barcos cargados con 35 mil toneladas de trigo partieron hacia Lima, y el gobierno peruano, presidido por el dictador Francisco Morales Bermúdez, recibió un préstamo de parte de Argentina de 50 millones de USD sin interés, todo lo mencionado como marco del Convenio Sobre Asistencia Alimentaria, además se pagaron enormes sobornos a gobernantes peruanos desde cuentas manejadas por la Armada argentina.

Pero el resultado ya poseía una firma, todos sabiamos que se iba a ofrecer. Prueba de esto fue que cuando Argentina le transformó el cuarto tanto a Perú, el clasificatorio, estallaba una bomba en el despacho de Juan Alemann, Secretario de Hacienda de la dictadura, que había cuestionado los costos del torneo –se iban a gastar 70 millones de USD y por último fueron 800 kilos-. Ya le había respondido el militar y vicepresidente del EAM Ente Autárquico del Mundial, Carlos Alberto Lacoste: «Después no se quejen si les ponen una bomba.» Lacoste forjaría una rara amistad con Havellange que lo llevaría a la vicepresidencia de finanzas de la FIFA.

Se mencionó que se transfirieron enormes cantidades de dinero a numerosos dirigentes peruanos desde la cuenta corriente de la marina argentina. Sin que una cosa quite la otra, además se comentó que había un pozo a repartir entre los futbolistas peruanos de 250.000 USD si perdían por bastante más de 4 goles.

Y el peruano Chumpitaz, recuerda la visita del dictador argentino Videla al vestuario de la visita previo al partido: «… nos sorprendimos cuando nos dijeron que nos iba a comentar Videla. Se paró frente a nosotros y nos dio un alegato en el que se llamaba a la hermandad latinoamericana y nos deseaba suerte. Yo no lo tomé como una presión, aunque luego de lo que nos habían dicho las organizaciones de derechos humanos, Videla se mostraba como un personaje que nos daba algo de miedo…». El dictador cerró su alegato de hermandad con la frase: «Latinoamérica los está observando…».

El soborno no fue sólo argentino. Los peruanos Chumpitaz y Manso reconocieron que los brasileños los incentivaron con 5 mil USD para cada uno y unas vacaciones en Itaparica si ganaban, empataban o perdían por menos de 4 goles de distingue.

En una final de todo el mundo vibrante, los de casa vencieron por 3-1 en tiempo suplementario. El Matador Kempes adelantó a la Argentina pero faltando sólo ocho minutos para el desenlace empató la visita por medio de Nanninga. Cuando se cumplía el tiempo reglamentario y el partido seguía 1-1, Robby Resenbrink -autor del gol número mil de los mundiales- cabeceó un esférico al palo que logró respirar al portero Fillol, el pueblo argentino y la Junta Militar… En el tiempo suplementario Argentina arrasó con Holanda, Kempes y Bertoni sellaron el resultado final.

Kempes celebra frente Holanda.

El líbero y capitán del elegido holandés, Ruud Krol, al término de la final explicó: «Fue una pelea entre hombres, muy bien limpia». Más allá de que se habló de que a lo largo de todo el torneo el grupo argentino poseía una amnistía con el control antidóping, al cual no eran llamados…

En el momento de recibir los trofeos, los players holandeses no estuvieron presentes para que les hagan distribución de sus medallas de plata en conmemoración de su segundo puesto logrado en el campeonato. Ellos se negaron a proporcionarles la mano a los amos de la dictadura argentina.

Cuando la selección argentina ganó el mundial, el gobierno defacto del general Videla, utilizó con objetivos propagandísticos las imágenes de un Mario Kempes antes los defensores holandeses en la final. Inclusive el presidente golpista dio un alegato en donde se refería a la Argentina como: “una Nación que en plenitud de su dignidad, se encontró consigo misma.”

El Mundial sirvió a la Argentina para llevar a cabo proyectos como sus estadios y también el canal de tv estatal que fue el solicitado de transmitirlo (ATC, Argentina Televisora Color) al planeta. Dejó además la duplicación de la deuda externa, conformó el mandato de la dictadura militar por medio de la publicidad exitista y nacionalista, y por más que nada, escondió las atrocidades del gobierno defacto que dejó al país con 30000 desaparecidos con inclinaciones ideológicas diferentes y le logró perder toda una generación de dirigentes políticos que al día de hoy no pudo recobrar.

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